El pH del suelo y cómo elegirlo bien
¿Te has preguntado alguna vez qué secreto se esconde bajo tus pies en el jardín? ¡Es el pH del suelo! Es uno de los factores más importantes para el bienestar de tus plantas. Cada una de tus amigas verdes tiene sus propias preferencias. Vamos a descubrir qué nivel de pH haría más felices a los habitantes de tu jardín y cómo crearles las condiciones perfectas.

El poder secreto del suelo: el pH
Tener el pH adecuado en el suelo es como tener la llave mágica de un jardín frondoso y sano. A menudo nos centramos en los abonos o en la fertilidad del suelo. ¡Y es importante! Sin embargo, el pH es lo que determina si las plantas podrán absorber todo lo bueno que les das. Un pH correcto es vital.
Un pH inadecuado rara vez mata las plantas de inmediato. Pero puede ir frenando su crecimiento poco a poco. La floración será menos abundante y la cosecha, más modesta. Eso sí, muchas plantas se adaptan de maravilla. Por ejemplo, las hortensias: incluso cambian el color de sus flores según crezcan en un suelo más ácido o más alcalino.
Un pH en torno a 6,5 es ideal para la mayoría de los jardines. Es ligeramente ácido, pero cercano al neutro. Muchísimas plantas prosperan en este intervalo (6,0–7,0). Aun así, hay plantas exigentes: los arándanos y las azaleas necesitan un medio más ácido, mientras que los helechos o los espárragos se sienten mejor en un suelo neutro o ligeramente alcalino.
¿Por qué es tan importante el pH?
Piensa en el suelo y la planta como una pareja perfecta. Cuando se entienden, cuando el pH es el adecuado para la planta, esta puede absorber con facilidad todos los nutrientes que necesita. Y entonces crece fuerte y sana.
Todas las plantas son sensibles al pH del suelo. Este indicador, que se expresa con números del 0 al 14, muestra la concentración de iones de hidrógeno. Cuanto más bajo es el número, más ácido es el suelo: hay más iones de hidrógeno. Cuanto más alto, más alcalino. A veces se dice que es más «dulce». Lo más habitual es que el suelo de nuestros huertos sea ligeramente ácido, en torno a pH 6,5. Si el pH baja de 3,5, es extremadamente ácido. De 3,6 a 4,5, ácido. De 4,6 a 5,5, moderadamente ácido. Y de 5,6 a 6,5, débilmente ácido. Ese medio ligeramente ácido es justo el que gusta a la mayoría de las hortalizas y flores.
El pH del suelo para un césped frondoso
¿Sueñas con el césped perfecto? Primero, comprueba el pH del suelo: debería estar entre 6,5 y 7,2. Si es demasiado ácido (menos de 5), al césped le costará crecer; en ese caso, la cal te vendrá bien en primavera. Si es demasiado alcalino, ayudarán el superfosfato o el sulfato de potasio. Antes de sembrar es importante eliminar las malas hierbas; a veces hacen falta incluso productos específicos (herbicidas). En primavera (marzo), remueve bien la tierra hasta unos 10–15 cm de profundidad y, al cabo de unas semanas, cuando te hayas asegurado de que las malas hierbas ya no son un problema, siembra la mezcla de césped elegida a finales de abril o principios de mayo.
Cuando la hierba empiece a brotar y la cortes por primera vez, mímala con un abono específico, sobre todo con nitrógeno y potasio, que le dará fuerza para crecer. Si aparecen plantas no deseadas, solo se pueden combatir con herbicidas antes de la primera siega o sobre un césped ya asentado, para no quemar sin querer los brotes jóvenes. Y no te olvides de lo más importante: ¡el agua! Tanto el césped recién sembrado como el antiguo necesitan humedad, sobre todo en los días de calor. Lo mejor es regar a primera hora de la mañana. También es importante segar con regularidad en verano y mantener una altura óptima de 3–5 cm: un césped demasiado corto se vuelve más sensible a las enfermedades y al calor del sol.
Al elegir las semillas, fíjate en su composición (las más habituales son la festuca, la poa y el agrostis) y en el uso que tendrá el césped: si van a jugar niños en él o si solo lo vas a contemplar. Una mezcla de varias especies suele ser la mejor opción, porque las distintas gramíneas se adaptan mejor a condiciones diferentes (sol, sombra, frío, calor) y forman una alfombra densa y resistente. No te olvides tampoco de cuidar el césped más antiguo: en primavera le viene muy bien «airearlo» (sobre todo con tiempo seco) y, después, mimarlo con abono y agua. Tras el aireado, rastrilla a fondo la hierba vieja para evitar que el césped se enmohezca. Un poco de cariño y cuidados, ¡y tu césped alegrará la vista toda la temporada!
Un «cóctel» de nutrientes para las plantas
Las raíces de las plantas solo absorben los nutrientes disueltos en agua. Qué sustancias se disuelven y en qué cantidad depende del pH del suelo. Con un mismo pH, unas sustancias se disuelven perfectamente y otras con más dificultad. ¡Puede que algunas ni siquiera se disuelvan! O, al contrario, que se disuelvan en exceso y resulten perjudiciales.
La acidez del suelo es un fenómeno natural. Sin embargo, la actividad humana la modifica. La tierra cultivada durante mucho tiempo se va acidificando poco a poco (salvo en suelos muy calizos). Incluso la lluvia, que se ha vuelto más ácida por nuestra propia actividad (transporte, industria), contribuye a este proceso.

¿Cómo saber el pH del suelo?
¿Quieres saberlo con certeza? Lo mejor es analizar el suelo en un laboratorio. Conviene tomar muestras de varias zonas del jardín. Una forma más sencilla son los kits de medición de pH, que se pueden usar en casa.
¡Pero hay otra manera! La propia naturaleza da pistas. Fíjate en qué malas hierbas crecen en tu terreno.
Amigas del suelo ácido (acidófilas)
Si abundan la cola de caballo, los pensamientos silvestres, la acederilla, la esparcilla o la arenaria roja, es probable que tu suelo sea ácido (pH 3,5–6,5).
Amantes del suelo alcalino
¿Ves carraspique, mostaza silvestre, lupulina o amapolas? Estas plantas indican un medio más alcalino.
Señales de un suelo neutro
El tusílago, el hipérico o el trébol de los prados indican que el suelo probablemente es neutro: el término medio ideal para muchas plantas.
Así que conoce tu suelo y entiende su pH. Es un paso pequeño para ti, ¡pero un gran paso hacia un jardín más sano, feliz y productivo! Y, por supuesto, no te olvides del riego: es uno de los sistemas más importantes del invernadero.